Incandescencia

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El cielo encapotado teñía la ciudad de gris. La niña cerró los ojos e imaginó el sol hasta encenderlo. Movió las aletas de la nariz y sonrió orgullosa: empezaba a oler a nubes quemadas.

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Febrero

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Almond blossom (Vincent Van Gogh)

 

 

más horas de luz
las flores del almendro
a pinceladas

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Lovers

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Cómo no te voy a querer, si antes te echaba de menos y ahora te estoy echando de más.

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Vacaciones

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A golpe de zapatilla clavó el cuadrito marino en la pared del baño. Después vació un frasco de sales en la bañera y se sumergió en el mar.

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Enero

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Chinatown, Manhattan

 

calles nevadas
en el salón templado
flores de espuma

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Receta maestra

Frank Sinatra

© 1978, Capitol Photo Archives

Para conseguir unas claras con la consistencia propia de la nieve recién caída seleccione “My way” en su reproductor. No valen versiones light. Que si Tom Jones, Robbie Williams, Aretha Franklin, Julio Iglesias. Con todos mis respetos. No. Déjese de vecinos. A Franky hay que escucharlo con el volumen bien alto. Ya está tardando a subirlo. Puede que en el momento álgido de la canción le caigan algunas lagrimitas sobre la faena. Mejor. El batido se logra mucho antes y es de mayor calidad. Implíquese en su creación utilizando una varilla manual. Nada de batidoras. Dele a la varilla. Créame. En el hipotético caso de que le hubiera surgido la oportunidad, Sinatra nunca utilizaría batidora. Bata, bata y bata al ver su vida transcurrir. Arrepiéntase de ciertas cosas, olvide las tristezas y opte por aceptar su existencia con una actitud positiva. Confírmeme que tiene las claras como espuma de mar, que están pegadas al cuenco y que si ladea éste, ellas permanecen imperturbables. Enhorabuena. Ya puede elaborar magistralmente unos suspiros de almendra, una mousse de chocolate, un tiramisú. Ha llegado al punto óptimo de su vida. Se lo digo yo, que hace tiempo que cocino a mi manera.

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Secretos

Rémi écoutant la mer

Edouard Boubat

Halló la caracola más especial del mundo. Entre las risitas de las olas se escucha con nitidez, el arrebatador canto de una sirena.

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De perlas

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Marilyn Monroe 1962 (Bert Stern)

Las perlas del collar se esparcen aleatoriamente por el suelo. La chica se siente como perra sin correa, huérfana. Conteniendo la respiración realiza incontables inmersiones en la montaña de ropa (ella lo califica de mar) que cubre el parquet flotante del dormitorio. Recoge las bolitas de nácar con la destreza de una auténtica pescadora japonesa, así lo cree y así lo manifiesta en voz alta. Las va metiendo en una vieja caja de zapatos y cuando cree que las ha “pescado” todas, se baja a la calle corriendo a por hilo de pescar.
Durante el camino, las perlas van rodando por toda la caja haciendo un ruido tragicómico. El ferretero le vende a un precio irrisorio, una bobina de nylon del número 2. Con una perla era suficiente para saber qué grosor de hilo entraba por el agujerito, querida, le dice sonriente el vendedor, y le desea buena suerte con el engarzado y anudado. Tómeselo con calma, le dice también, pero ella ya no puede escucharle. Ha salido de la tienda y acaba de chocar con un señor mayor con bastón. Al señor en cuestión se le han trastabillado los pies pero no ha llegado a perder el equilibrio, sólo su peluquín. A ella sin embargo se le ha caído la caja de zapatos con sus cincuenta cuentas, y la cara de verguenza. Le pide disculpas con reverencia sin perder de vista la trayectoria de las perlas de agua salada. El señor del bastón considera que la chica es una tarada y continúa su paseo con la calva al aire. El peluquín se queda cerca de un portal, como un gatito abandonado. Ella galopa tras las dichosas bolitas: algunas cruzan la calle y son atropelladas por coches, motos y autobuses, otras van a parar a la red de alcantarillado, unas pocas son recolectadas por las manos de un niño ¡¡Oh, canicas!! que huye a toda prisa, las menos, dieciocho exactamente, son recuperadas.
Se sienta en un banco del parque cercano a meditar. Saca el hilo y comienza a engarzar lo poco que queda de collar. Una pulsera quizá, piensa resignada. Se le acerca un perro sin correa, huérfano. Se agacha y le hace unas carantoñas. El perro se deja querer. Le ata al cuello su recién reciclada “pulsera”. El collar de perlas japonesas le favorece. Ahora parece un perro con pedigrí. Si no fuera por el pelo nudoso y atestado de pulgas, claro. El chucho sabe que nada impedirá que esa chica con aspecto de tarada sea su dueña. La chica regresa a casa con el orgulloso perro adoptado, que resulta ser también chica. Sin duda la zona de juegos predilecta de Perla (acaba de bautizarla) va a ser la montaña de ropa (ella lo califica de mar) que cubre el parquet flotante del dormitorio. Aprovecha para hacer jirones la ropa mientras su dueña, huérfana, ha ido a comprarle un cesto, pienso y champú. Entre salto y salto, las perlas del collar se esparcen aleatoriamente por el suelo.

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—Te amo.
—¿Cuánto?
—La eternidad de un lapicero.

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La sal del invierno

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Tokuji Yoshioka


Se viste de nieve para mimetizarse con el lechoso paisaje hasta que el sol del membrillo derrita la tristeza invernal, pero la deseada invisibilidad no surtirá efecto porque ha dejado un cabo suelto; sus ojos vestidos de mar.

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La mecánica del hombre (Aragón Radio 2)

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El pequeño cuclillo emite su canto con unos segundos de retraso, imperceptibles. Acaba de romper al artesano, su hora mágica.
—Ya no puede uno ni echar una cabezada.
—¿Qué querías que hiciera? Son las cuatro en punto. Solo cumplo con mi deber. No volveré a abrir el pico hasta dentro de una hora.
El dueño del taller suspira antes de poner en marcha su oxidado engranaje. Los movimientos, nada improvisados, se asemejan a los de un autómata. La compleja maquinaria del cuerpo humano, dice sonriendo. El maestro relojero, que padece artrosis, continúa tallando con sumo cuidado un trozo de madera.
Con este relato he ganado el 30-04-14, el concurso Aragón en 100 palabras que lleva a cabo la Escuela de Escritores de Zaragoza en la emisora Aragón Radio 2. El tema era: Romper la hora. Se puede escuchar el podcast aquí.

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Inicio de novela (Taller de Escritores)

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Geradine Page – James Dean

Tres días antes de morir, cometí la osadía de enamorarme. No me malinterpreten. Lo malo no era haberme enamorado tan tarde, sino palmarla tan pronto. Estas cosas del amor y de la muerte son imprevisibles. De repente sientes mariposas revoloteando en el estómago y un instante después eres un festín para cientos de terrosos gusanos. Me descompongo solo de pensarlo. Sí, me descompongo.

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Texto ganador del II Concurso de Inicios de Novela convocado por la Escuela de Escritura Creativa,  Taller de Escritores. (15-10-16)

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Crema de judías con calabaza y pan de ajo

favim

favim.com

Cada diez o quince días escupía un tequiero de manera aleatoria, como si fuera un autómata. Yo le respondía eresuncielo añadiendo tocino para mis adentros. Dos autómatas. Disfrazábamos nuestra relación con sonrisas de payaso diabólico.
Fui a la presentación del recetario “Sopa de letras”, una vez de tantas en que Armando me confirmó por whatsapp que llegaría tarde a casa, Muchotrabajocariñoyasabes. Emoticono guiño. A las dos de la madrugada giraba la llave de la cerradura. Al entrar al dormitorio se disculpó secamente por haberme despertado. Olía a vainilla y canela. Exótico y especiado. Yo era de fragancia floral. Dulce y romántica. Noestabadormida, le dije. Era cierto. Me había entretenido leyendo unas cuantas recetas de sopas, cremas y salsas. Nunca pensé que pudiera existir tanta variedad. Las fotografías a todo color daban sensación de tridimensionalidad. Había comprado el libro ante la insistencia de mi hermana pequeña tevendrábienparaquitarteelmalsabordeboca.

La cocina no era precisamente mi punto fuerte. Elegí un sencillo menú para estrenarme aquel domingo de aniversario. Centrarme en la preparación fue como asistir gratis a una sesión terapéutica. Para mi incredulidad, las judías blancas y la calabaza se fusionaban a la perfección. Uno solo, pensé, como él y yo hasta hacía apenas seis meses. Éramos la combinación perfecta. Fue entonces cuando me vino a la cabeza el ingrediente inmaterial y sin embargo imprescindible que faltaba en la receta de nuestra convivencia, la ternura.
El pan saltó en el grill. Miré a Armando que empezaba a poner la mesa. Froté con saña un ajo crudo sobre la miga tostada, le di un buen mordisco y esperé a que me repitiera para romper con lo nuestro.

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Naturaleza de la luz (Finalista XII Concurso Relatos Luis del Val)

Faro

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El mar eructa un fuerte olor a musgo y algas. La ventisca silba como el mismo diablo. Las arrítmicas olas baten agua espumosa hasta la sólida roca que sustenta el faro de Santa Lucía. Cae la noche y Telmo, el experto farero de mirada oceánica, dirige el potente foco salvavidas hacia un pequeño barco pesquero que zozobra en la infinitud del horizonte. En la incertidumbre del naufragio, la boca del farero segrega una marea de saliva. Tras ser testigo de la batalla ganada en alta mar, la calma chicha se apodera de su corazón. Una vez más, el faro que radia su aliento lumínico, ha llevado a buen puerto a los marineros.

Con los primeros rayos de sol, cientos de escamas alfombran la arena de lentejuelas plateadas. Telmo baja con premura a la playa y recoge las suficientes hasta rellenar varios frascos opacos. Una gigantesca cuba de agua salada escondida en la atalaya conservará las refulgentes partículas para un próximo uso. Los vecinos de Santa Lucía ignoran que su inagotable proyector vigía, se alimenta de tan preciadas láminas de luz. Solo conocen el secreto, Telmo, las sirenas y el mar.

Concurso
Relato finalista en el XII Concurso de Relatos para leer en tres minutos “Luis del Val”. Naturaleza de la luz tiene ya su espacio en un libro en papel que ha editado el Ayuntamiento de Sallent de Gállego con ganadores (en lengua castellana y aragonesa), finalistas y seleccionados.

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Revenge

twitter

Twitter


Tras abandonarla, sintió un nudo en la garganta.

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El faro de los corazones náufragos (Aragón Radio 2)

tumblr

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A un golpe de mar, el pesquero desaparece de la vista. En la vasta extensión de azulidad solo hay tormenta. El potente foco vigía sigue parpadeando rítmicamente. Cosme, el último farero de Ninfas, saca una caracola del bolsillo y sopla suavemente en su oquedad. Después se la acerca al oído y espera. Pronto escucha con nitidez un arrebatador canto de sirenas. Sabe que los marineros están a salvo. También sabe que la heroicidad no pertenece a los extraordinarios seres que habitan en el silencio de su soledad. Allí donde el ruido es ensordecedor. Allí donde el mar no cesa.

Con este relato he quedado finalista (14-05-14), en el concurso “Aragón en 100 palabras”. Tema: Héroes del silencio. Para escuchar el podcast, aquí.

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Microcuentos (@microcuentos)

cronicanto

Cronicanto

1. Supo que ya no era una niña cuando el monstruo que vivía bajo su cama quiso dormir con ella.

2. Abrió la caja de Pandora liberó a las criaturas y se encerró dentro.

3. Se enamoró siete veces en su vida; todas de la misma gata.

4. Mi hermana cayó al pozo cuando tenía seis años. Hoy he soñado con ella. Dice que, en el fondo, me perdona.

Estos cuatros microcuentos fueron publicados (diciembre 2012 – julio 2013) en la conocida cuenta de Twitter @microcuentos del venezolano Lenin Pérez. Gracias a la repercusión, algunos de ellos han dado la vuelta al mundo. A partir de entonces, la autoría de estos micros también se la adjudican unos cuantos. Un par de ejemplos: aquí y aquí.

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Lo vacuo

eco de la nada

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Se desprenden escamas de un cielo sin luna
Las frutas serenas del cuenco maceran su esencia
El eco de la nada fragmenta el instante

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La prueba

tumblrnation

Tumblrnation


Garabatea un corazón en el papel y lo adereza con un beso. Se asemeja más a un culo pero lo da por bueno. Es un regalo para Denys,  el chico que le hace temblar hasta las pecas desde que lo vio en las gradas.
Aún en la distancia que le proporciona el trapecio puede distinguirlo entre el público. Su rojizo cabello le delata. Nota como el maillot se le encoge y desea que a él le ocurra lo mismo con sus pantalones. El vértigo ya ha hecho su entrada pero prefiere continuar —solo una vez más —se dice.

¡Veva, la pequeña trapecista! ¡Sin red! ¡Han oído bien, sin red! ¡Contengan la respiración! anuncia el presentador. Columpiándose en las alturas esparce nubes de talco dando manotazos al aire. Tras varias vueltas realizadas a la velocidad del rayo queda suspendida tan solo por los empeines. Y es ahora cuando decide poner a prueba a su pelirrojo. En un periquete se balancea hasta incorporarse de pie en el trapecio. Se toma el tiempo necesario para visualizar el objetivo y encauzar rumbo. Coge impulso y se lanza al vacío. Intuye que Denys le recogerá en brazos, aunque tenga que soltar las palomitas.

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jane-birkin

Jane Birkin

I

Al primer trino
El polvo de las hojas
Levanta el vuelo

II

Nubes como efigies
Un estremecimiento
A vuelapluma

III

Luces tiernas sobre la ciudad
En una taza de té
Caligrafías

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