Amores pasajeros

Con el vaho que su aliento deja en el cristal del autobús dibuja un corazón. Le tiembla el pulso  y el  órgano acaba pareciéndose a un riñón. El dueño del dedo índice, Hugo, ha cumplido ya los catorce. La causante de semejante desastre emocional no es otra que Marni. Cuando piensa en ella se le empañan las gafas. Mejor dicho, los ojos. Ella sube cada día en la misma parada, con aspecto de turista. Él la observa disimuladamente. Seguro que el gas natural con el que circula el bus produce menor impacto medioambiental que uno solo de los besos de esa chica, piensa Hugo.
¿Sabía usted, señorita, que la mayoría de los autobuses urbanos no ocasiona polución?, dice el abuelo que se sienta al lado de Marni. Al contrario que los ojazos negros de ese chico tan guapo que finge leer, piensa ella. Desde luego su mirada es altamente contaminante para la atmósfera.
Ni siquiera sé cómo se llama, lamenta Marni cuando él se baja.
Mañana mismo le preguntaré su nombre, decide Hugo camino a casa. Quizá mañana.

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Acerca de Beatriz CE

Escritora de relatos, cuentos, micropoemas. (Zaragoza, ES)
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