La piscina

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Cuando el sol brillaba en el cenit, las mujeres de agosto se instalaban religiosamente alrededor de la piscina, adorándola. Como un vallado de seguridad delimitando una propiedad privada, acomodaban sus cuerpos en el borde de hormigón.

Inspiraban el cloro que quedaba suspendido en el aire. Espiraban risas y conversaciones mundanas. Transpiraban sudor, laca para el cabello y perfume antiguo. El agua permanecía estática en el enorme recipiente de cerámica esmaltada. Un par de mosquitos que flotaban en la superficie eran los únicos testigos en aquella reunión de la alta sociedad.

La luz del verano agonizaba a fuego lento. Tras una sucesión de bostezos y miradas perdidas cambiaba la imagen del fotograma.

La mujer con figura de reloj de arena, enfundada en un bañador negro, realizaba su habitual ejercicio de calentamiento en dos lentos movimientos: desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo hasta el derecho. Así se santiguaba, antes de sumergirse en el agua bendita, la única bañista de agosto.

Imagen: National Geographic
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Acerca de Beatriz CE

Escritora de relatos, cuentos, micropoemas. (Zaragoza, ES)
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