El sustituto

AlbertFinney-SaturdayNightandSundayMorning(1960)large

Como cada lunes Ramón se pasa a comer a casa de Gertrudis. Antes de tamborilear con los nudillos en su puerta ya se percibe la fatigosa respiración de la dueña.

— ¡Soy yo, mamá!, vocea tal y como a ella le gusta.

—Llegas tarde, hijo. —dice nada más abrirle—. Te veo más delgado que ayer. Parece que has tomado el sol. No sé por qué te has alisado el pelo. Con los rizos tan bonitos que tú tienes. Anda pasa al comedor y siéntate. Ahora te pongo la comida. Hoy he hecho una crema de aguacate con tropezones. Espero que te guste.

Bajo la atenta mirada de Gertrudis, Ramón deja vacío el apetitoso cuenco de crema, jamón y tomate no sin antes echarse una mancha en la camisa.

—¡Maldita sea! — exclama Ramón—. Es una de las mejores que tengo. Si no la mejor. Y esta tarde tengo que volver al despacho.

Gertrudis desaparece un momento de la habitación para regresar con una camisa limpia en la mano.

—Toma, cámbiate. Siempre ha sido una de mis preferidas. Te queda perfecta. Deja que me encargue de lavar la sucia. Con mi jabón de tajo la mancha se irá seguro. Quedará como nueva, ya la verás cuando vuelvas mañana.

—Te lo agradezco, mamá. No hace falta que sea tan pronto. Dámela el lunes que viene, por ejemplo. Ahora debo volver al trabajo enseguida. Ya sabes, mucho papeleo.

—No se hable más. Mañana mismo tienes tu camisa impecable. Hasta entonces, corazón.

La buena de Gertrudis le llena de besos. Le acaricia el pelo. Le peina las cejas. Le recoloca el cuello de la camisa de leñador. Se emociona. Le abraza. Se besan.

—Cuídate mamá —se despide Ramón suficientemente manoseado.

Cuando Ramón entra al ascensor no puede evitar un grito ahogado. El espejo no miente. Pulsa al sexto piso, donde vive con su mujer. Laura se parte de la risa al verle llegar de semejante guisa.

—No puedo salir con estas pintas —se apresura a decir Ramón—. La camisa de Juan Luis está un pelín pasada de moda.

—Y tanto —contesta Laura entres risas—. Como mínimo tiene los mismos años que hace que murió él.

—Pues unos siete u ocho. Todavía no entiendo como se pudo aprobar semejante asunto en una reunión de la comunidad —asevera Ramón—. Si la vecina se siente sola desde que Juan Luis falleció, no es de nuestra incumbencia. A veces me siento mal, no me gusta engañarla. Además, como si no hubiera otros problemas más importantes que solventar. Las filtraciones que hay en el garaje, por ejemplo.

Ramón empieza a sentir picores bajo la prenda de franela. Se rasca con fruición .

—Su demencia es muy avanzada y Gertrudis no tiene familia —responde Laura intentando conmover a su marido—. La conocemos hace mucho tiempo. Estamos haciendo una labor social. Piensa que solo son los lunes, cuatro días al mes. Si no me equivoco, mañana le toca bajar a comer a su casa a Sergio ¿no?

—Eso es lo que más me fastidia de todo —responde enojado—.  Prepárate para ver presumir al vecino del séptimo con la camisa de seda que me compré para nuestra boda.

Imagen: Albert Finney en Saturday Night Sunday Morning

Anuncios

Acerca de Beatriz CE

Escritora de relatos, cuentos, micropoemas. (Zaragoza, ES)
Esta entrada fue publicada en Relatos. Guarda el enlace permanente.